Un hombre viejo
Diciembre 10, 2009 – 7:53 am | 4 Comments

Tristan Bauer no trata, ni por un segundo, de desmitificar al “Hombre”.
Prohibido hacer fotos, niña!, traduce la acomodadora un poco más amablemente a los dos tipos amenazadores que me hacen señas y chistidos inequívocos: van …

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Desmoronamiento habanémico

Submitted by Lia on Diciembre 7, 2008 – 4:36 pmOne Comment

Caminábamos por Galiano ayer Jaad y yo, buscando un lugar para tomarnos una malta y hablar un poquitico antes que nos separáramos, cada uno a su respectivo lugar.

La ciudad era el colmo de la decadencia, el lugarcito ni siquiera apareció, y el espíritu del Festival de Cine, gente en la calle, movimiento nocturno, en general vida citadina, era nulo.

Cuando llegué al Vedado había gente en las colas de los cines, pero eran moderadas, y para ser sábado nocturno, en general, escasa.

Jaad me decía cuando vimos a los que detrás de los cristales ocupaban los Rápidos decadentes que le parecía estar mirando una prisión, personas encarceladas por su propia voluntad en sus míseras vidas. Ernestico me pide que le escriba un post al Festival, al supuesto ambiente supuestamente festivalero, pero las ganas de hacerlo son tan escasas como la vida en la Habana.

Como la gente en los cines. La gente permanece como la ciudad que habita: estancada, inamovible. Como si no pudiera respirar y se quedara sin aliento.

La calidad de las películas que se presentan cada año desmejora, eso es ya habitual. Cada año hay menos cosas interesantes que poder disfrutar en cuanto a contemporaneidad y en cuanto a todo. Los tantos festivales independientes que existen acá nos son por completo ajenos y desconocidos, porque como siempre la información queda atrás.

Lo nuevo, lo último , lo más novedoso se retrasa hasta el espanto, falta la chispa global del ritmo alucinante del mundo allá afuera. De un mundo despierto.

La ciudad es como un cangrejo anidado metros y metros de arena que se demora mucho en salir a la superficie y prefiere entonces no hacerlo, la oscuridad de la cueva allá abajo le es más confortable. Algo no puede pasarse por alto a los que salen de sus nidos y asoman las antenas: los policías se multiplican y las calles se vacían. Horror mudo. Estado de sitio. Sombras ennegrecidas.

Los operativos en las calles son tan evidentes que ayer en la noche llegué a pensar que habían más de ellos que de nosotros, ciudadanos normalmente adormilados.

La ciudad es lenta. Se encangreja o se encaracola en sí misma. Se hace odiosa. Y la nube de hastío crece y la cubre. No participamos de un Festival, de ninguna fiesta de la imagen, ni de una alegre ciudad llena de luces navideñas, somos parte testimonial de un desmoronamiento inevitable de todas las cosas en un tiempo adagio o de marcha fúnebre. El desánimo traducido en cada rostro cansado, demasiado tranquilo.

Puede decirse que los aires son infelices en este “invierno” inventado de frentes fríos casuales. Puede decirse que la Habana es un cementerio más que una cárcel.

La tristeza del que llega después de un tiempo como Jaad y la descubre descendiente y vertiginosa en cámara lenta es incomparable a mi propia tristeza más empañada cada día.

Hay algo paralizado y mustio que no permite la menor reacción, la mínima sacudida, el sobresalto característico de los vivos.

1 comentario en “Desmoronamiento habanémico”

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    La Habana que duele « PapelBit Dice:

    [...] La Habana que duele In Crítica, Cuba, El observatorio on 12 Diciembre 2008 at 22:48 inspirado en el desmoronamiento habanémico de Lía [...]

Déjame un giño